08
Dic
09

Desayuno con Arthas (Mañana es el parche 3.3)

Pues sí, señores, mañana es día de parche. De acuerdo con MMO-Champion, mañana podremos gozar de las nuevas instances que el señor Blizzard nos ha preparado.

¿Y qué hay de nuevo?

- Objetos itemlevel 232 en las nuevas heroicas.

- Emblemas de triunfo en todas las heroicas.

- Nuevas heroicas y una nueva raid en la que podremos conocer de primera mano a la rubia de Arthas. No entro en spoilers, pero la cosa pinta muy pero que muy bien en cuanto a lore.

- Contenido “en fases”, ya que cada semana podremos acceder a un ala diferente de la Ciudadela Corona de Hielo.

- Un “buscador de mazmorras” en el que podremos ponernos en grupo con gente de otros reinos, parecido a un battleground, con teleport incluido (adiós, queridas piedras de invocación). Además, en caso de que utilices la interfaz de Buscar Grupo, se “equilibrará” el grupo de PUGs, ya que se supone, que la gente más experimentada irá con algún n00b en la party <— A mí esto no me gusta, creo firmemente en la endogamia de los n00bs, pero bueno, al menos se puede votar para kickear a un tipo.

- El tier 10.

- ¡¡Y por supuesto lo que todos esperábamos del parche!! ¡¡El concurso de pesca de los Kalu’ak!! Bueno, todos todos no, sólo los locos por la pesca, xD.

Hala chicos, mañana me contáis a qué hora abren los servers, jeje. Yo voy a seguir limándome las uñas curando.

¡Arthas! ¡La sangre de tu padre! ¡De tu pueblo! ¡No sale ni con Arieeeel!

¡Arthas! ¡La sangre de tu padre! ¡De tu pueblo! ¡No sale ni con Ariel!

03
Dic
09

Se compran manos por emblemas de triunfo

Desde ayer tenemos un debate interesante en el foro del guild sobre las manos, el equipo y la estrategia. El debate me ha llevado a la siguiente reflexión.

El WoW se ha casualizado. Todo el mundo lo dice y es la queja de miles de pr0s a lo largo y ancho del mundo. Yo también entiendo que se ha casualizado y eso ha traído muchas cosas buenas (por ejemplo jugadores muy buenos que no habían jugado nunca y que ahora tienen la posibilidad de demostrar lo que valen, posibilidad de equiparse rápido, obtener bonuses de tier rápidamente aunque sean de itemlevel 232), y muchas cosas malas. La peor de todas ha sido ToC.

No sólo me resulta una raid insulsa, sin lore, sin pulls, sin creatividad… sino que es un festival de free epix. La diferencia con mazmorras anteriores, con Ulduar o Naxx mismo, es tan grande, que tras haberse acostumbrado la gente a ToC, hemos llegado a wipear en Ulduar por verdaderas tonterías que implican, casi siempre, la muerte masiva de dps con la excusa de siempre: no me llegan curas.

Basta de excusas.

La triste realidad es que yo fui dps mucho antes de ser healer. Fui maga. Mi querida maga nomuerta Elusive, ahora un pj destinado al farmeo masivo de plantas que transforma en frascos y potis varias, era una temible maga fuego en la época de la Burning Crusade. No era un dps excepcional, sobre todo al principio: acababa de empezar a raidear, me costó aprender qué era una rotación, me moría nada más empezar el boss y me costaba moverme. Aprendí, siendo exalted con el suelo, una verdad universal:

Si un dps muere, es responsabilidad de él mismo.

Si en Void te comías una bola, era responsabilidad tuya, única y exclusivamente. Si en Magtheridon te olvidabas de darle al cubo, era responsabilidad tuya, única y exclusivamente. Y si en Aran te comías la explosión arcana… pues igual. Ahora, en las Twin Val’kyr, a los dps les da igual comerse 0 que comerse 8 bolas. El healer tiene que estar ahí para ayudarle, y el cubito, la invisibilidad, el fade, el vanish, el despedazar alma, tomarse una poti de salud o ponerse una pompa… todas las habilidades que en algún momento pueden salvar la vida (y salvar del wipe) por resetear aggro, por curar o por hacer invulnerable, no se usan. Atrás quedan esos días en los que, en Al’ar, descubría maravillada que en frost le das a un botoncito y tienes posibilidad de otro cubito por si la cosa se pone fea. Era consciente de que mi vida era responsabilidad mía, no del healer, y si me llegaba un renew o un recrecimiento, era porque el healer tenía la posibilidad de echarme una mano, y se lo agradecía de corazón.

Ahora, la labor del healer es muy diferente. Estamos obligados a curar a lo que se mueva, independientemente de lo que haga el sujeto que se mueve. La gente se ha acostumbrado a tener equipo para hacer ulduar, naxx… consideran que todo el contenido antiguo es de risa, que con el equipo que tenemos se hace sobrado y uno no se muere. Entonces vuelven a Heigan el impuro, y mueren como perras. Es un pequeño momento de frustración en un perfil de jugador con muy poca tolerancia a ésta, con muy pocas ganas de wipear. Lo quieren todo limpio y farmeado, y free epix.

También está el factor “conoce a tu clase”. La mitad de los dps que conozco no saben cuáles de sus habilidades generan más aggro. La otra mitad no usa cds para resetear aggro, y elementos especiales que pueden hacer un boss más fácil (como un fear ward de priest en Auriaya o un tremor de chamán) parecen cosas obsoletas. Hasta indecentes si hablas de ello. Esto es clara consecuencia de otro fenómeno, paralelo al de la poca tolerancia a la frustración: la gente no lee. No se paran jamás a leer las descripciones de los poderes y ponen el grito en el cielo si les dices que lo hagan de otra forma por X razón. Ejemplo: Hace poco conocí a un priest disciplina que ponía Supresión de Dolor en el tank nada más empezar un pull. Como consecuencia, al tank le costaba horrores generar aggro, lo cual estaba provocando wipe tras wipe hasta que detectamos el problema. Si esta persona se hubiera leído la descripción del poder, se habría dado cuenta de que le estaba restando un 5% de aggro al tank, lo cual hacía que rápidamente cualquier lock pudiera sobrepasar al tank en aggro en cuanto metiera el primer golpe.

Arthas está viniendo, amigos míos, y los emblemas de triunfo serán algo al alcance de todos. El tier 9 nos saldrá a todos por las orejas, pero el Señor Blizzard dice que Icecrown no va a ser moco de pavo. Creo que si no hacen algo urgente y empiezan a vender manos y cartillas de Micho por emblemas de triunfo, poco tenemos que hacer salvo esperar a que, de una vez, la gente tome conciencia de que éste es un juego en el que hay que saber jugar.

24
Nov
09

La pareja más caliente… en exclusiva

Os presentamos a la pareja más caliente del evento de Generosidad del Peregrino en el servidor español Uldum, que han accedido a posar ligeros de ropa y gratuitamente, en exclusiva, para Lost in Expansion:

Soypicarona y Shadownoise, orca y trol respectivamente, posaron en paños menores, sin censura, ¡y gratis! para nosotros.

Ellos han encabezado una iniciativa para que todo el mundo tenga el logro del Acechapavos, dejándose pavificar gratuitamente en el banco de Dalaran.

Durante estos días que llevamos con el evento “Generosidad del Peregrino” todos nos hemos encontrado con el típico (inserte aquí su palabra malsonante) pícaro que te decía eso de:

“Si quieres que me quite el disfraz de pavo, dame 100 g”.

Como no está el horno para bollos, y la economía del wow tampoco es que esté muy en alza con tanto chinofarmer, me he negado a pagar a un idiota que seguramente coja mis 100 g (y los de cualquiera) y se largue. Creo que el sentido común y el buen humor es lo que debe primar en este juego, y aunque entiendo que rogues tenemos todos, y todo el que lo ha cogido en estos días se ha encontrado pavificado a la primera de cambio (y llega a cansar) tampoco es para llegar a estos extremos. Desde Lost in Expansion, aunque no hayan contribuido a mi logro en particular (soy peregrina desde ayer, igual que Mhack y Ragin) doy las gracias a estos dos hordas que nos han alegrado a todos el día con su buen humor ^^. Porque allá donde haya un “listo” que te pida pagar 100 g, habrá otro más listo todavía que te librará de ello.

22
Nov
09

La Guia del Peregrino (Evento Generosidad)

Saludos amiguetes

Llevo una parte de la mañana de peregrinaje, dando vueltas y palos de ciego que en muchas ocasiones que me han sacado de mis casillas. Asi que depues de dejar esto mas o menos finiquitado, me he dicho…”Coñe, por que no voy al blog y escribo una guia para que nadie sufra en sus carnes tener que estar preguntando, investigando, etc” (si me he dicho todo eso :P )

Pues lo lo dicho aqui viene mi cutre-guia del peregrino.

Para localizar el logro, nos iremos al menu de logros/Eventos del mundo/Generosidad

Antes de nada, os recomiendo empezar por Entrañas, alli es donde mas cosas del logro podremos hacer.

De este evento, basado en el dia de acción de gracias Estadounidense, hay que localizar el logro mas complicado. Asi que aqui os pondre la lista de logros.

Bien de estos logros, yo pondria como el mas dificil el logro de Acechapavos, con lo que empezare por él.

– Logro “Acechapavos”:

Necesitas las escopetas que se consiguen con las diarias del evento y son de un solo uso. Hay 5 diarias repartidas por las capitales tu facción.

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Recompensas de las diarias del evento

ATENCION: Solo necesitaremos el sombrero y cualquiera de los tres objetos de pecho para completar los logros

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Ademas, tendremos que elegir entre pillar una escopeta o prendas del evento (aunque de las prendas solo necesitaremos dos). Para tocar un poco mas la moral, tendremos que usar estas escopetas solo sobre Picaros de ambas facciones. (He probado pegando a masculino y femenino y los dos me cuentan para el logro)

Los tipos de rogues que debemos buscar son los siguientes:

Alianzas

  • Enano
  • Elfo de la noche
  • Gnomo
  • humano

Hordas

  • Trol
  • Orco
  • Elfo de sangre
  • no muerto

El mejor lugar para disparar a rogues y transformarlos en pavos, sin duda es dalaran, ¡pero cuidado! si el rogue en cuestión esta transformado ya en pavo, no os contara para el logro.

- Logro “Pavonator”:

Este es el otro complicado.

Es sencillo, solo tienes que ir a claros de trisfal (tambien puedes ir al bosque de Elwyn, que hay mas catidad que en trsifal) y matar pavos salvajes como si fueran tus mas odiados enemigos (osea como si fueran alis :P )

“que sencillo” direis, si lo es pero la complicación viene cuando tienes 30 segundos para matar al siguiente pavo o si no tendras que volver a comenzar. Me explico.

Para conseguir el logro necesitaremos matar 40 pavos seguidos. Cuando matamos un pavo nos sale un bufo con un contador de pavos y otro de segundos. Cada vez que matemos un pavo, el contador de segundos se pondra en 30s y empezara a bajar, si llega a 0 el bufo desaparecera y tendremos que volver a empezar de 0.

Tenemos que tener en cuenta que cuando matamos un pavo, podemos lotear el pavo para obtener un pavo para cocinar, si queremos hacer este logro, no lotearemos dicho pavo…o seguramente no nos de tiempo.

Tambien tenemos que contar con el factor “Amable peregrino” llamado tambien en la jerga orca “Cabrón robapavos, Mehariaunaliylosubiriaalochentasoloparacampearte” . Asi que amigos, paciencia y buscaros una zona apartada y si vais de madrugada lo bordais. :P

- Logros “Progreso del Peregrino” y “Ahora estamos cocinando”:

Bueno para estos logros, tener nuestra habilidad de cocina a mas de 300, nos sera muy util en el “Progreso del peregrino” y necesario para “Ahora estamos cocinando”.

Si no tenemos cocina, este evento es una oportunidad para subir facilmente ¡aprovechadla por Thrall!

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EXTRA:

Para tener cocina a mas de 300, puedes ir a dalaran, y el instructor de cocina de la taberna te enseñara. Si no tienes acceso a dalaran, hay que comprar un libro en la taberna de El Refugio Cenarion, en Marismas de Zangar (Terrallende), a la Tauren Naka.

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Bien, el logro de “Ahora estamos cocinando” no tiene misterios, nos acercamos a la entrada de de cualquiera de las capitales y buscamos al vendedor del evento y compramos el libro de recetas y cocinamos dichas recetas ¿facil no?.

Los materiales para cocinar los encontraremos en los diferentes vendedores que estan a las afueras de las capitales:

  • Arandanos, en Orgrimar
  • Calabazas, en Entrañas
  • Batata, en Cima del Trueno

En Lunargenta no hay ningun ingrediente especial.

CONSEJO: La primera vez, comprar 40 de cada material de cocina para ir sobrados para hacer todas las diarias y quest…ah ¡guardaros materiales para el dia siguiente!

Bueno una vez tenemos todas las quest cogidas y tenemos los materiales, solo tendremos que ir cocinando las recetas, que nos pidan en cada ciudad. Una vez hagas todas las diarias que son 5, conseguiras el logro de el “progreso del peregrino”.

- Logro “¡GUERRA DE COMIDA!”:

Yo creo, que este es logro mas facil.

Nos sentamos en cualquiera de las mesas de las zonas del evento en cualquiera de las capitales y usamos la habilidad 1 (la de lanzar comida) en la cabeza de otro PJ.

- Logro “Compartir es querer”:

Este tambien es muy sencillo, solo tenemos que irnos a una mesa de las de antes sentarnos en cada uno ( son 5) de los sitios y lanzar con la habilidad 1 la comida a los otros platos.

- Logro “Panza del Peregrino”:

Tambien es bastante facil, la unica pega es que tienes que ir a las 4 capitales de tu facción, con lo que habra que moverse.

CONSEJO: Este logro con otras 4 personas, es mucho mas rapido y si una de ellas es mago, ya triunfas :P

Tan solo tienes que sentarte en una de las mesas de antes, y comer todas las comidas hasta que acumles 5 marcas de cada comida, si no hay nadie en la mesa tendras que ir sentandote tu en cada tipo de comida, pero si te la lanzan al plato no tendras que levantarte.

- Logro “La hora del Pavo de Teokkar”:

Este logro consiste en ir a matar al Rey Garra ikis, que esta en la mazmorra Salas Sethekk. Ya que vas, puedes ver si te sale lord cuervo (si te llevas a un druida con quest para poder llamarlo)

La unica peculiaridad, es que debes llevar el sombrero y el pecho del evento (mirar mas arriba) puestos para matarlo. asi que debereis ir de estas guisa a pegarle.

Pues si majos, asi es como hay que ir

- Logro “Riesgo del Peregrino”:

Bueno este  es sencillo en si, pero es quizas el mas largo de todos.

Nuestra misión es irnos  a las capitales de la facción contraria (alis, grrr ) y sentarnos en sus mesas vestidos con el pecho del evento.

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bueno, creo que ya esta, no me dejo nada en el tintero espero. Como aun me queda algun logrillo (malditos rogues alis, que no los veo :P ) no pongo foto del titulo, pero os pongo la forma en que me ire en busca de sus mesas de comida…¡Por que, pa chulo chulo…mi ******!

iba yo de peregrinaaaaa....y me cojiste de la manooooooo

iba yo de peregrinaaaaaa...y me cogiste de la manoooo

¡¡¡comentadme, u os transformare en pavo y me os comere sin asarrrrr!!!

18
Nov
09

Disciplina vs holy (el priest healer, parte 2)

Más de priests.

Se nos ha ido el priest disciplina que teníamos en la guild y ahora me veo en un atolladero (como desde que salió la dual spec). Nunca podré ser dps de segunda rama, pese a tener un flamante equipo shadow completo en mi banco. Incluso tengo el hit overcapeado sin gemas ni nada, así de gratis.

Mi solución es la de siempre: Ser healer y healer. Soy holy de primera rama y disciplina de segunda, y hasta ahora había intentado, por todos los medios, especializarme más en holy porque es la rama que me gusta y porque tenía un compañero muy especializado en disciplina que cubría esa necesidad. Al principio del parche 3.2, mi equipo de disciplina y holy era idéntico: mucho crítico para ser holy (un 25%), y mucho espíritu para ser disciplina (sobre 1100), pero superaba el rendimiento necesario en ambas ramas. Ya no, y eso que me he quitado espíritu en favor del intelecto (también para holy) y he ganado con el cambio. Pero ahora necesito tener dos equipos distintos, ya que mi ropita de holy no da para mucho en disci.

Conozco muchos priests en mi situación, que por una u otra cosa han tenido que pasar de hacerse sombras de segunda rama y hacerse disciplina orientado al pve, sobre todo para curar a tanks. Pero creo firmemente que ahora es imposible seguir haciendo chanchullos para usar el mismo equipo, y hay que buscarse equipo especializado. Paso a analizar por qué.

(Como siempre digo, me baso en mi propia experiencia para hacer mi análisis).

- Holy: Dicen que la estadística básica de un holy es el espíritu, pero creo que hasta cierto punto. Para mí la estadística básica es la celeridad, ya que el espíritu es fácil pillárselo con todo el equipo que sea posterior a Naxxramas (más adelante casi todo lo interesante tiene espíritu de base salvo dos o tres ítems y llegado un punto sale por las orejas, y yo diría que con 1000 puntos en espíritu es más que suficiente). Además, el espíritu como factor determinante del manareg está sobrevalorado, cuando en realidad tal como están las matemáticas en este juego desde los últimos parches sale más a cuenta invertir en intelecto*. Sin embargo, no pude curar en condiciones en Ulduar hasta que tuve al menos 400 de celeridad (500 con bufos a poder ser). Para ToC, recomendaría mínimo 600, sobre todo para las Val’kyr, boss que bufa muchísimo a los priests pero para el que se necesita echar las curas en área muy rápidamente.

- Disciplina: Hay dos formas básicas de llevar un disciplina. La primera es invertirlo todo en celeridad igual que en holy. La segunda es invertirlo todo en crítico. Para ambas opciones es un sinsentido (desde mi punto de vista) invertir en espíritu, ya que apenas bufa en esta rama, y poner como atributo base el intelecto. ¿Cuál de las dos formas es más eficiente? Creo que la celeridad es importante y soy una de sus defensoras más acérrimas, pero considero que aquí es mucho mejor el crítico. Considero que lo realmente eficiente para poder curar en disciplina es poder amortiguar mucho. ¿Quién va a necesitar eso? El tank. ¿Cómo conseguimos eso? Sacando muchos críticos para activar el Égida Divina, sobre el 30% es lo ideal. Menos de eso es para tirarse de los pelos. Y sobre todo, somos healers de tanke, no podemos empezar a echar sanaciones de grupo alegremente por dos razones: 1) La efectividad del disciplina depende de la amortiguación y no de las curas, y no sirve de nada amortiguar a un grupo entero que a lo mejor no está recibiendo daño, es maná que perdemos, y para eso están los holys, los chamys y los chopos. Si alguien recibe daño y estamos libres, podemos echar escudos que sale más barato, pero repartir curas por la raid es un sinsentido. 2) La Palabra de Poder: Escudo aumenta el crítico en ese objetivo. No podemos perder la posibilidad de que se nos active Égida Divina en el tanke echando curas alegremente a la raid cuando posiblemente nuestro objetivo necesite amortiguación de daño. Es perder el tiempo. Respeto a los priests que lo hacen, pero para mí eso es sinónimo de ser healer reactivo, y meter cuatro égidas en el grupo que probablemente no sirvan de nada es no conocer la base amortiguadora del disciplina (que no cura el daño que se realiza, sino que amortigua el daño que va a venir en el futuro, que constantemente va a estar recibiendo un tank).

Las prioridades de ambas ramas las podemos resumir en esto:

HOLY

1. Celeridad (Ulduar 400 mínimo, Toc 600 mínimo)

2. Espíritu (hasta 1000 – 1100)

3. Intelecto (Cuanto más mejor)

4. Poder con hechizos (Cuanto más mejor)

5. Crítico

 

DISCIPLINA

1. Crítico (Sobre el 30%)

2. Intelecto (Cuanto más mejor, además aumenta el crit)

3. Poder con hechizos (Cuanto más mejor)

4. Celeridad

En cuanto al equipo, la imposibilidad de compaginarlo para ambas ramas viene porque las necesidades para uno y otro son tan radicalmente diferentes que, por mucho que se quiera, no es posible cubrir (tal como está el equipo) todas las estadísticas necesarias de una sin dejar pasar otras estadísticas importantes de la otra rama.

Espero que esto ayude a otros priests a conocer un poco mejor su clase, o, por qué no, comenzar un sano debate acerca de las estadísticas que se necesitan en diferentes bosses.

¡Gracias por leer!

¡Y por supuesto, la nueva clase héroe: La priest a melé! ¡En guardia, acechador de la pradera!

(*) Solía tener 1200 de espíritu y sobre 1000 de intelecto, y eso me otorgaba unos 20k de maná y 600 de manareg. He invertido las estadísticas cambiándome sólo las gemas y, tras tener 1300 de intelecto y 1024 de espíritu, tengo 100 puntos de manareg más que antes, además de ganar 3k más de maná pool, con lo que salgo claramente ganando. Esto se debe a que el último nerfeo del manareg que vino de la mano de Ulduar afectó a la cantidad de regeneración obtenida a través del espíritu.

PD: Como soy muy moderna me he hecho un twitter.

15
Nov
09

Tiempo: sueño

- Lárgate, Elmeryn. No te necesito.

- He viajado todo este tiempo sólo por encontrarte. Nunca quise ser un guerrero. Ni siquiera sabía cuánta afinidad con la luz tenía. Ahora lo sé, pero mi motivación siempre fue encontrarme contigo.

- Déjame. Te he dicho que te largues. No te quiero. Ya no eres mi hermana. Me marché. No quiero saber nada de ti.

Un empujón me deja en el suelo frío. La imagen de mi hermana se ha desvanecido. De pronto, a mi alrededor aparecen montañas de cadáveres y vuelvo a estar en la destrucción de Lunargenta años atrás. Me abro paso entre los cadáveres, intentando apartar brazos y piernas inertes de mi camino, pero cada vez hay más. La montaña parece inexpugnable. Intento escalarla pero algo me agarra.

- Otra alma que consumir – dice una voz gutural.

Soy arrojada a un suelo frío y mojado. Siento como si el líquido que cubriera el suelo fuera capaz de pudrirme la piel y quiero levantarme. Observo a mi alrededor: una necrópolis de la Plaga, oscura, nauseabunda. Las ratas se comen las tripas de un cuerpo cercano. Veo a una de ellas transportando una mano entre los dientes. Observo horrorizada e inmóvil la escena. Un ensamblaje se acerca a mí, me toma del cuello y me hace una profunda herida que me abre las entrañas, y deja fuera mis intestinos para que los roedores me los coman. Acto seguido me arroja al suelo. Se ríe estrepitosamente, su risa estalla mil veces en mi mente en un eco atronador, mientras las ratas vienen en millares a por su comida. Siento cada mordisco, cada trozo de mí que es engullido por los roedores. Voy a morir. Por favor, que sea rápido.

- ¡Por piedad! – grito – ¡Mátame!

- No hay salida. Eres mía, – dice la voz – te consumiré para siempre.

Estoy soñando. Esto debe ser un sueño. No tiene sentido alguno que esté aquí. Pero es tan real. ¿Dónde estaba yo? El pantano de las penas. El templo de Atal’Hakkar. De pronto, la escena ha cambiado. Estoy en el templo, pero estoy sola. ¿Dónde están mis compañeros? Ya no hay herida alguna en mi cuerpo, pero veo desesperanzada que los pasillos no son iguales a los que he visto en mi incursión con los dos tauren. No hay dragones, ni trolls, ni moho en las paredes, tan sólo un poco de musgo aquí y allá, y una extraña y tenue luz verde que guía mis pasos. La sigo hasta una cámara llena de huesos, con antorchas en las esquinas.

- ¡Necios! ¡Sólo servís a los propósitos de su dios maldito! – oigo en un susurro – ¡Libérame! ¡Busca a Itharius!

Intento encontrar una salida a la cámara, pero no soy capaz de dar con la puerta por la que he entrado. Busco incansablemente, tocando las paredes de piedra oscura, intentando encontrar una salida. La luz verde se ha parado en mitad de la sala.

- Al fin… una ofrenda de sangre mortal – dice una escalofriante voz detrás de mí.

Un gigantesco esqueleto se abalanza sobre mí. Realiza un encantamiento para embelesarme mientras empieza a extraerme toda la sangre del cuerpo.

- Es… tan… deliciosa. La… sangre mortal… nada que ver con esos… dragones.

Siento cómo me voy desangrando lentamente. Tengo el impulso de ceder ante mi torturador: es tan fácil dejarse llevar, sin luchar. Abandonar esta existencia. ¿De qué me sirve hacer este viaje? Nunca encontraré a Miriël, es todo mentira, nada de lo que he vivido es real, no existe esperanza para mí. Sólo muerte. Morir. Qué fácil es dejarse morir cuando se está solo. Nadie me quiere. Sola y sin esperanza.

Las antorchas de la cámara empiezan a encenderse, y de pronto, caigo al suelo. La serpiente alada chilla: tiene una hoja rúnica clavada en el pecho. El druida me está agarrando fuertemente para que no me caiga.

- Libérame – oigo de nuevo el susurro. Y me doy cuenta de que proviene de la caja verde que guardo en mi bolsillo. Mis compañeros parecen haberla oído también.

- Ya deberías haber aprendido a no coger cosas que no son tuyas en lugares desconocidos – me recrimina Ragingblade.

- Por favor viejo amigo, ten paciencia con ella. – contesta el druida – Ha estado en la pesadilla, cerca de la locura que afecta a los dragones que moran aquí, y casi la matan. Ya tendrás tiempo de reprocharle su comportamiento, pero por el momento cuidemos de ella. Has estado cerca, jovencita, suerte que pude adentrarme en el Sueño Esmeralda para guiarte. La vida se abre camino hasta en estos lugares, y allá donde la naturaleza siga prevaleciendo, habrá un druida que pueda entrar al Sueño. Fue un viaje peligroso, estamos muy cerca de la Pesadilla.

- ¿Pesadilla?

- El plano que está justo debajo de éste es el Sueño Esmeralda. Tú has visitado una parte corrupta de él, la Pesadilla Esmeralda, y tienes suerte de haber vuelto. Parece que todo lo ha provocado nuestro encuentro con el profeta, y ese artefacto que has encontrado.

- Esto… me susurra. Dice que busquemos a Itharius, pero no sé quién es.

- Yo sí – dice el druida – salgamos de aquí. Esta misión sólo nos ha traído desgracias.

El aire puro, o bueno, el aire del pantano (que no es precisamente puro pero al menos no era el de un templo sumergido bajo un lago) reaviva mi mente. Estamos sanos y salvos, y vamos en busca de ese tal Itharius, que, sorprendentemente, se encuentra cerca del templo sumergido. El druida se refiere a él como Lord Itharius, pero yo sólo veo a un elegante alto elfo vestido con una hermosa túnica verde. No me suena su cara de Quel’Thalas, así que supongo que será mucho más que un simple elfo. De hecho, me imagino lo que es en realidad.

- Sé quiénes sois – dice – y también sé que sabéis qué es lo que tenéis ahí.

- En realidad, mi señor, desconocemos lo que es – dice el druida – pero yo me temo lo peor: que se trate de la esencia de Eranikus, hecho preso hace mucho por los Atalai, cuando Ysera decretó el hundimiento de ese maldito templo.

- Así es, tauren, y por tanto te aconsejo que convenzas a tu gentil acompañante, ahora portadora del alma de mi mejor amigo y hermano, de renunciar al poder de ese artefacto, y que se comprometa a servir al vuelo de Ysera.

- Mi señor – digo, poniéndome de rodillas – Ysera y su linaje tienen mi palabra de que les serviré, con mi vida o con mi muerte. Lo juro por la Luz.

- Genial, otra promesa que seguramente no pueda cumplir – murmura Ragingblade.

- Está bien, mortales. Partid a Cuna del invierno. Allí, buscad a un enviado, un humano. Él podrá darle uso a esa gema, podrá hablar con Eranikus.

- ¿Nada más? – digo, sorprendida. Si lo llego a saber no hago un juramento tan solemne para acabar siendo un simple recadero. La imagen del elfo que tengo ante mí me mira impasible.

Partimos en nuestras monturas camino de Grom’Gol, tras una fría despedida. Súbitamente, recuerdo algo:

- No hemos averiguado nada acerca de las piedras que encontré en las Tierras de la Peste. ¿Qué voy a hacer?

- Volveremos a Entrañas y le dirás a la Dama Oscura que no has encontrado nada.

- ¡Pero eso es muy poco heroico!

- ¿Y qué esperabas? ¿Estandartes? ¿Música? ¿La bienvenida de un héroe? Los héroes no existen.

- Yo quiero ser un héroe. Como tú – digo, dirigiéndome a Ragingblade con admiración.

- No seas insensata. Los héroes siempre acaban en el cementerio.

15
Nov
09

redención: reencuentros

La lluvia caía pesadamente sobre las ascuas de los edificios calcinados como si intentara borrar todo rastro de aquel lugar para siempre. El anciano trol clavó su espada en el suelo y dejó caer el peso de su cuerpo sobre la inmensa figura que le acompañaba con un gruñido de dolor. Las gotas caían a lo largo de la vieja espada oxidada como un ejército cargando hacia la batalla.

- Viejo amigo, me temo que una vez más no hemos medido nuestras fuerzas… – comentó con esfuerzo el trol mientras caminaba apoyado en el musculoso brazo de su acompañante.

El tauren lo miró con expresión sombría.

- ¡No me mires así! ¡Aún podría luchar con diez enemigos más y… – la frase del trol quedó cortada por un repentino ataque de tos – …aún tengo cientos de enemigos que enviar al reino de Quetz’lun  y además no eres nadie para poder juzgarme… ¡yo al menos sigo vivo!

El rostro del trol resplandecía de orgullo mostrando una enorme sonrisa mellada que le llegaba de oreja a oreja.

- No por mucho tiempo si sigues cometiendo locuras – respondió el tauren con una voz tan profunda que parecía no tener fondo.

- ¡No era una locura! Sólo eran quince soldados contra el gran… el gran… – el trol permaneció pensativo unos segundos – ehm… ¿cómo me hacía llamar antes?

Una expresión de preocupación surcó el impasible rostro del caballero de la muerte ante la evidente decadencia de su viejo maestro.

- Da lo mismo, la aventura me ha llamado de nuevo y antes muerto que renunciar al oro, la fama y las hembras… oh, sí… de eso sí que me acuerdo. – dijo el trol guiñando el único ojo que aún parecía razonablemente sano – ¿Dónde podremos encontrar hembras que sepan aplaudir el verdadero valor de un héroe?

El trol se levantó con renovada energía y, tras arrancar la espada de su lecho de barro, ensilló su raptor. El caballero de la muerte ajustó sus hojas rúnicas gemelas a la silla de su destrero y partió tras la estela que dejaba el veloz raptor al ser espoleado de una forma que jamás había conocido antes.

El movimiento rítmico del galope ayudó al tauren a centrar sus pensamientos. Semanas antes le habían llegado noticias de que su viejo maestro se encontraba muy enfermo, que era víctima de la locura y que probablemente muriera muy pronto. El viaje al Valle de los Retos y la posterior visita a su maestro no fueron fáciles pero era lo menos que podía hacer por quien le había enseñado en que consistía realmente lanzarse a la batalla y disfrutar de la victoria. Pero, cuando llegó, el trol se había ido. Había desempaquetado su antigua armadura, afilado su espada, ensillado un joven raptor de guerra y partido hacia la aventura. Le llevó días dar con su pista. Hasta que esa misma mañana el humo proveniente de las llamas que consumían un poblado de salteadores de caminos le había llevado hasta él. Quizás alguna gente pueda pensar que la llegada del caballero de la muerte a la batalla pudo salvar la vida del viejo trol, pero estarían equivocados. Los cuerpos se encontraban repartidos por todo el campamento y las cabañas eran escombros para cuando el tauren llegó interrumpiendo el proceso de introducir enormes sacos de oro y joyas en las alforjas de un sobrecargado kodo. ‘ Llegas a tiempo, empieza dolerme la espalda… coge un par de sacos y ayúdame a cargar’ fueron las primeras palabras que oyó de su maestro desde que le dejara para ir a combatir la plaga en las Tierras de la Peste.

- ¡Esta taberna parece adecuada! – gritó desde lejos el trol sacando de su trance al tauren – Pasaremos aquí la noche, secaremos nuestras ropas y beberemos hasta caer muertos.

- No parece que vayan a ser muy hospitalarios… al menos no con nosotros – observó el caballero de la muerte motivado por la arquitectura principalmente humana del asentamiento.

- ¡El oro es el invitado más deseado… y de eso tenemos mucho! – replicó el viejo trol mientras agitaba una abultada bolsa tintineante y desmontaba del raptor.

La desgarbada figura del trol se recortó sobre la silueta de la puerta de la taberna y todas las conversaciones cesaron de inmediato cuando el tabernero, acompañado de un ogro de gran tamaño y aparente escasa inteligencia, se aproximaron a la misteriosa figura.

- ¡No queremoh ‘ente como tu poh aquí! – recitó el ogro al recibir un codazo en su prominente barriga de parte del tabernero que, aunque humano, había descubierto las ventajas de tener contratado un ser el doble de grande y el doble de estúpido que sus parroquianos habituales.

- Amable propietario, no debéis preocuparos de nada que no sea proporcionarnos bebida y techo. – dijo poniendo una enorme moneda de oro en la mano del sorprendido humano – Y, para vuestra tranquilidad, hemos dejado las armas en nuestras monturas así que no debéis temer nada de dos pacíficos aventureros.

Durante unos segundos la mente del tabernero luchó entre la avaricia y el odio hacia las razas de la horda y, finalmente, halló lo que sólo pudo considerar como un brillante termino medio y, tras valorar que con un ogro como matón no debía tener nada que temer, la compartió con el trol.

- Te serviré cerveza y te daré una silla pero… – señaló al caballero de la muerte que empezaba a agacharse para entrar – …por lo que a mí respecta eso no es más que ganado que habla,  su sitio es el establo.

El trol se irguió en toda su estatura y, sin media palabra, lanzó su puño contra el rostro cornudo del ogro que se vio lanzado varios metros hacia atrás arrastrando un par de mesas en su caída. El tabernero se giró e intentó correr hacia la seguridad de la cocina pero dos larguísimos brazos le abrazaron ferreamente y sitió la boca del trol contra su oreja.

- He sido amable, tabernero, – susurró a su oído -  incluso generoso, pero no puedo permitir una afrenta de ese calibre contra alguien que ha matado más plaga de la tú jamás podrías soñar ni en tus más horribles pesadillas.

El ruido de dos docenas de espadas al desenfundarse ocuparon el aire de la taberna.

- ¡Estúpido animal! – replicó el tabernero lleno de ira – Voy a ver como te sacan las tripas a ti y a tu vaca y clavan vuestras cabezas en una picaaaAARRRJ…

El tabernero vio interrumpida su frase al ser lanzado por los aires para aterrizar sobre unos barriles de cerveza enana.

- ¡No me gusta, no es un batalla justa! – gritó el trol negando con la cabeza – ¡Al menos deberíais ser el doble!

Los gritos pidiendo piedad, mezclados con otros tantos de dolor y batalla, se vieron amortiguados cuando el caballero de la muerte cerró la puerta de la taberna para dirigirse al establo. Miró una última vez la espada mellada que se encontraba amarrada a la silla de montar del raptor, le dio una suave palmada al exhausto kodo cargado de riquezas y montó en su destrero.

- Estará bien – se dijo en voz alta – sólo es un poco más viejo y más sabio… pero estará bien.

Y espoleó a su poderoso caballo hacia la oscuridad de la noche.

14
Nov
09

Tiempo: Venganza

- ¿Quieres hablar más bajo? Nos van a oír.

- Pero si no hay más que… babosas asquerosas en este templo. ¡Puaj! Me acabo de manchar entera.

- Hay muchas fuerzas que no conoces en este templo. Ysera en persona lo condenó bajo las aguas hace muchos años, antes de que tú llegaras a este mundo. Deberías hacer caso al druida y hablar más bajo, a las fuerzas malignas suelen atraerles las voces chillonas.

- ¡No tengo la voz chillona!

- ¡Ssshhh! ¡Silencio he dicho!

La espada refulgente del caballero de la muerte desvela paredes cubiertas de moho que se iluminan ante sus runas, aquí y allá aparece una plateada tela de araña, y de vez en cuando nos encontramos con un grupo de criaturas malditas: cresas parecidas a las que vi en las Tierras de la Peste y grandes gigantes fúngicos, hostiles rondadores de lo profundo que apestan a agua podrida.

- Qué asco. ¿Qué es este lugar?

- Es un templo – contesta el druida con su habitual buen humor. El trabajo de arañar los traseros de los gigantes fúngicos no le ha restado ni un centímetro de longitud a su sonrisa gatuna.

- Sé que es un templo. Lo que quiero decir es, ¿por qué fue erigido, y qué hemos venido a hacer aquí? ¿Por qué Ysera lo hundió bajo el pantano?

- Hace mucho tiempo – dice el druida – Ysera y los de su Vuelo tuvieron la certeza de que éste sería el lugar en el que volvería a la vida Hakkar, el Dios de la Sangre. Se cree que Hakkar es un esbirro de los Antiguos Dioses que dominaban Azeroth antes de los titanes, si no un Dios antiguo en sí mismo. Como Ysera es una fiel serviente de Eonar, de acuerdo con la misión que le fue encomendada de proteger la vida y el orden establecido en Azeroth por los titanes, envió a su propio consorte a hundir esta zona y evitar la venida de Hakkar. Sin embargo, muchos de los del linaje de Ysera cayeron en una pesadilla sin sueños, aquí mismo. Se volvieron locos. Y por eso este lugar está maldito.

- Pone los pelos de punta. ¿Qué fue de Hakkar?

- No hace mucho tiempo volvió a la vida y fue derrotado por uno de los de tu raza.

El druida me sonríe con cariño, como nostálgico, y le devuelvo la sonrisa. El caballero de la muerte permanece serio y atento a su alrededor, como expectante. Damos muerte a unas pocas criaturas de moho más y bajamos unas escaleras.

- Silencio ahora, – advierte Ragingblade – oigo un murmullo.

Un grupo de trols, nomuertos y vivos, se encuentra haciendo un ritual. Nadie me había comentado que este lugar estaba poblado, aunque no sé por qué, de alguna forma me lo esperaba. Intentamos pasar desapercibidos pasando pegados a una pared. El moho se me adhiere a la capa y al cabello.

Los trols oyen un ruido y se giran en nuestra dirección. Ragingblade se prepara para atacar: asesta un golpe con formidable fuerza a uno de los trols y lo lanza hacia la otra parte de la habitación, partido en dos. El resto de trols empieza a congelarse con su sola presencia. Gritan. Enloquecen. Mueren. El tauren se sacude la capa con tranquilidad, como si sólo fuera un calentamiento.

- Sigamos – dice con voz fría. Y pienso que algún día seré como él, pero sin lo de estar muerto.

Vamos descubriendo habitación tras habitación. El templo es un laberinto lleno de largos corredores donde se ocultan trols malditos y sirvientes plagados. No tenía ni idea de que la Plaga hubiera llegado hasta aquí.

- La magia vudú es más sombría y profunda de lo que tú crees, – dice Ragingblade, como leyéndome el pensamiento – éstos no son tus sacerdotes. Sirven a un dios oscuro y malvado, no encontrarás fieles a tu fe aquí. Sus esbirros no son de la Plaga, son zombies. Utilizan a sus propios muertos como ejército.

- Y por la pinta que tiene ese zombie, diría que antes de levantarlo se lo habían comido – señalo a un zombie cercano, que tiene un brazo carcomido.

- Es la gastronomía trol – contesta el druida en uno de sus habituales chascarrillos. Ragingblade hace una mueca. ¡Se ha reído!

Seguimos bajando hasta llegar a una oscura cámara llena de trols. Un sacerdote oficia un extraño culto en Zandali, de espaldas a sus fieles. Viste una toga larga y camina encorvado, y domina la oratoria con tal maestría que, a pesar de no entender su idioma, me paraliza. Me siento extrasiada. Veo que el druida se ha separado de mí y que se dispone a atacarle desde las sombras.

En el momento cumbre del culto el sacerdote se gira a su público haciendo aspavientos. Y su mirada se para en mí.

Me he quedado como un pasmarote en mitad de la sala. ¡Estoy perdida!

El sacerdote grita, pero mi amigo el druida es capaz de asestarle un feroz zarpazo y dejarlo seriamente herido. Ragingblade, corriendo desde el otro lado, hace que el suelo sangre, hace enfermar a los trols sanos y esclaviza a los zombies. Levanta a los feligreses muertos en un ejército de necrófagos que siembra el caos en la sala. Todos ellos se precipitan hacia el sacerdote, que chilla de dolor ante los garrazos de mi felino amigo. Jamás había visto luchar al druida, y me sorprende su habilidad.

- ¿Quiénes sois? ¿Qué… qué queréis? – dice asustado el viejo sacerdote, al borde de la muerte.

- Mhackezas de Lunargenta te manda recuerdos, Jammal’an. ¿Creías que después de tantos años no se acordaría de lo que le hiciste? – contesta Ragingblade, mientras congela al encorvado trol – La venganza es un plato que se sirve frío.

Algo se apodera de mí, que hasta ese momento había estado quieta en mitad de la sala. Me dirijo hacia el druida con la maza en la mano, dispuesta a asestarle un golpe mortal. No soy dueña de mis actos, sólo siento una rabia inmensa, y golpeo a mi amigo el druida en el lomo. En el nombre de la Luz.

- El… tótem… – dice el druida, encogido por el dolor.

Ragingblade destruye el tótem y rompe de un espadazo el cráneo del sacerdote. Los necrófagos se desvanecen. El control mental sobre mí desaparece.

- Por amor de Ysera, – dice el druida – no sabía que tuvieras tanta fuerza. Me sorprendes. – Le pongo mis manos para curarle y él entona unos cuantos cánticos para sanarse.

- Lo siento. No… no era yo.

- Cosas peores se han hecho en el nombre de la Luz. Por eso me hice druida. – Contesta mi amigo. – ¿Estás bien?

- No. Estoy… mareada. – Y caigo al suelo.

Ragingblade me ayuda a levantarme. Es muy alto y no puedo apoyarme en él, así que deciden que el druida me llevará en el lomo el resto del camino.

- ¿Quién era el sacerdote? – pregunto.

- Era un trol malvado. Le hizo daño a muchas personas, entre ellas a un amigo mío y de mi compañero el druida.  – contesta Ragingblade – Pero ahora calla, la magia vudú de ese sacerdote te ha afectado, será mejor que descanses, aún nos queda mucho templo por descubrir.

En uno de los pasillos encontramos cientos de dragones verdes. ¿Acaso no eran los dragones del linaje de Ysera amigos de todas las criaturas vivientes? Sí, mas aquellos dragones estaban hechizados, como viviendo una pesadilla constante. Cuando nos acercábamos, nos atacaban con fiereza, y mis amigos tenían que matarlos para poder avanzar por las amplias estancias.

- Itharius, viejo amigo, ayúdame… – oigo en un susurro.

- Debo estar delirando, – comento – estoy oyendo voces dentro de mi cabeza.

- No me ha gustado nada lo que ha sucedido ahí arriba, Elmeryn, – dice Ragingblade – tienes mal aspecto.

Ya tengo que estar mal para que eso me lo diga un nomuerto. Pasamos por una amplia estancia y allí se encuentra, dormido, un enorme dragón. Tiene el porte elegante de los grandes dracos, y me recuerda a los dibujos que me enseñaba mi hermana en sus libros de Dalaran: el de la gran Alexstrasza, o el del magnífico Malygos. Ragingblade se acerca al dragón con cautela, como esperando que éste no le ataque, mas despierta de su sueño y le ataca ferozmente. Ragingblade utiliza sus poderes de la Plaga para infectar al dragón de sus enfermedades, pero parece que no le afectan. Finalmente, tras una lucha de varios minutos, la bestia es vencida.

- Nunca me gustó luchar contra dragones – dice Ragingblade – hasta los miembros del malvado Vuelo Negro que conocí en Filoespada tienen dignidad. Y además son inmunes a mis artes. Elmeryn, ¿estás bien? ¿Qué tienes ahí?

Abro la mano y enseño una cajita de color verde. Es bonita, como de piedra, y refulge en un suave color verde. Me estoy dando cuenta de que el veneno del dragón me ha afectado seriamente. Me siento mal.

- Itharius… – digo – hay que encontrar a Itharius.

26
Oct
09

Tiempo: A la luz de la luna

El mar está quieto y la luna es un galeón fantasmal que navega por el cielo, y miro las estrellas por un pequeño agujero que asoma al exterior. Se cuela el aire salino y oigo algo de jaleo en la cubierta. Están de fiesta, y probablemente haya alcohol. Ojalá pudiera tener algo de vino del viejo Toquesol. Ojalá estuviera en casa.

El ventanuco que da al cielo es demasiado pequeño para salir y veo que la puerta está bien atrancada. Me duele la cabeza y tengo un chichón enorme, producto de un golpe bastante contundente, el mismo golpe que me dieron para conseguir traerme al barco, inconsciente. De pronto, la puerta se abre.

- Saludos, elfa. – me habla un viejo marinero que huele fuertemente a alcohol y a humanidad. ¡Cómo apestan estos humanos! – Me alegra ver que te has despertado. Has estado durmiendo una siesta de una semana, pero al fin estás despierta. ¡Bien!

El viejo marinero me toca la cara con codicia y le escupo a la cara.

- Oye elfita, no hace falta que seas maleducada, sobre todo teniendo en cuenta que estás desarmada y que yo – el viejo pirata desenvaina una espada – voy bien armado. Así que será mejor que te portes bien, o acabaré pensando que dormida estabas más guapa. O mejor, siempre puedo propinarte un buen tratamiento de belleza a base de golpes, jajaja.

Los piratas que acompañan al viejo ríen ruidosamente.

- A ver niña, pórtate bien, que no quiero pegarte. Si te pego, no estarás guapa, y si no estás guapa no te comprarán, así que…

- ¡Comprarme! – me escandalizo.

- Así es, querida. ¡Una elfa con afinidad arcana! Una mercancía preciada, todos los piratas querrán comprarte y aprender las artes de la magia. ¡Imagínate! Abres un portal a Dalaran, robas unas cuantas baratijas para vender en Gadgetzan, y además enseñas a tus dueños a usar la magia para el contrabando. ¡Y yo me haré rico! Vamos chicos, sigamos festejando. ¡Eh, tú, Jemmy la Dulce! ¡Vigila a nuestra invitada, jajaja!

Así que piensan que soy maga. Bien.

La chica que está vigilándome silba una canción pirata mientras hace la guardia, sentada en el suelo a escasos metros de mí. Oigo los festejos de arriba, están contentos porque han conseguido el que probablemente sea el golpe de sus vidas. A las pocas horas el ruido se va calmando, mis captores duermen. Todos duermen, menos la chica.

Irrumpe en la habitación un pirata alto, moreno y tostado por el sol.

- ¡Deprisa! – dice – ¡Desátale los pies y llévatela! ¡Y llévate también su arma, esa maza debe valer mil monedas de oro!

¡Mi maza! ¡El chico tiene la maza!

- Pero mi amor – dice ella – si me fugo contigo, sabes que mi padre te matará. Removerá cielo y tierra hasta dar conmigo, y luego acabará contigo.

- No te preocupes, mi amor. Nos encontraremos en la playa, al sur, junto a los restos del barco encallado. Espérame a la luz de la luna, no enciendas hogueras, o te verán.

El chico ha abierto la puerta. La humana toma mi maza y me coge del cuello. Es más alta que yo y bastante fuerte: de un empujón me hace andar hasta la cubierta del barco, y después caemos al agua. Llegamos a la orilla y caminamos una hora en dirección sur. No veo nada más que arena, dunas, desierto a mi derecha, de vez en cuando alguna palmera plateada a la luz de la luna. Hay cientos de tortugas marinas que se acercan a la orilla para desovar. El mar susurra al son del viento. Veo a lo lejos los restos de un viejo barco encallado en la arena y nos sentamos junto a él, a esperar.

- Maldición, me estoy helando – dice la chica – eh, elfa, haz algo para darnos calor sin necesidad de hacer luz.

- Necesito tener las manos libres para hacer el encantamiento.

- Está bien, pero no hagas ninguno de tus trucos. – La humana afloja los nudos de mis ataduras. – De todas formas, esta runa – dice, enseñándome una runa mágica – te mantendrá atada a este lugar y no podrás teletransportarte, así que date prisa con el calor. Total, ¿qué truco puede hacer un mago sin poder usar la magia? ¡Jaja!

- Yo no soy un mago.

Un puñetazo en la mandíbula pone fin a las elucubraciones de mi interlocutora.

- ¡Maldita elfa de sangre! – grita el amante de la humana, que aparece de la nada – ¡Pagarás por lo que has hecho!

Agarro mi maza, ahora en la arena, y le propino sendos golpes al humano, que se mueve ágilmente. Se pone a mi espalda en un descuido y consigue golpearme en los riñones. El dolor del puño y de la espalda me hace marearme, pero no cejo en el empeño. Un certero golpe de mi maza en la cabeza deja aturdido a mi oponente, que se desploma frente a mí.

Las tortugas miran las escena, absortas. Algunas se esconden dentro de su caparazón. Respiro pesadamente y me da vueltas la cabeza. El dolor de mano es insoportable, debería practicar más la lucha sin armas.

Y sale el sol.

El amanecer me hace darme cuenta de que estoy cubierta de sangre por la lucha y de que los cuerpos de la pirata y de su joven amante están tirados en la arena, terriblemente desfigurados por los golpes. Lo hice sin querer, lo juro. Tenía que defenderme. Sólo oigo mi respiración y no pienso bajar a comprobar si ellos respiran, así que me marcho hacia el norte. A lo lejos veo el barco en el que me mantenían cautiva, con los piratas (imagino) aún dormidos y con la resaca del día anterior. Y al lado del barco, un pequeño poblado, imagino que territorio pirata.

Me adentro en el pequeño bastión en busca de mi caballo y mi reluciente armadura. Muchos piratas aún duermen, otros vaguean a pesar de que aparentan hacer la guardia. Entro por la puerta y no me importa seguir derramando sangre. Repica una campana, alguien ha visto mi matanza y dan el aviso. Uno a uno, sucumben ante el poder de mi maza. Ya he derramado sangre de los vivos, no me importa seguir haciéndolo. Mi mente entona un cántico de sagrada venganza en cada mazazo que asesto.

Veo a mi corcel en el establo. Me monto en él y miro atrás mientras dejo el poblado: Está totalmente vacío. Los he masacrado a todos. Bueno, a todos no.

Un pirata cojo corre a verme salir del poblado: se dirige al barco donde aún descansan mis captores. Azuzo a mi yegua para que le persiga, y de pronto es atraído por una fuerza de origen desconocido.

El pequeño pirata es atacado ferozmente por una mole helada. Se ve infectado por todas las enfermedades posibles y por algunas imposibles, y, al fin, sucumbe a la muerte en una agonía terrible. El caballero de la muerte me mira tras acabar con su víctima, asombrado. Y el druida, a su lado en forma de león, sonríe en una sonrisa felina.

- ¿Tú has hecho todo esto? – pregunta Ragingblade, incrédulo ante la desolación que observa.

- Claro.

- ¿Qué esperabas, amigo mío? – contesta el druida – Si es un paladín.

elmerynover

25
Oct
09

Tiempo: De la misión diplomática

Han pasado cuatro días a caballo desde que dejamos Quel’Thalas. He dejado atrás la ciudad de mi infancia y he atravesado con Mograine las temibles Tierras de la Peste. Al principio me sentía un poco ridícula por no haber salido nunca de Lunargenta y no saber apenas nada del ancho mundo de Azeroth, pero tras atravesar los vastos bosques llenos de lobos, arañas y ¡babosas! he dejado de sentirme ridícula para empezar a sentirme contrariada por emprender un viaje tan largo, y, sobre todo, tan peligroso.

Mograine habla poco durante el viaje. Cerca de la Capilla de la Esperanza de la Luz, donde nos detuvimos hace dos noches, nos encontramos con uno de sus caballeros y con un mensajero. Los dos son taurens altos, poderosos. El caballero de la muerte al servicio de Mograine es oscuro igual que mi maestro: Sus ojos brillan pálidos, vacíos y fríos. Le he pillado mirándome fijamente varias veces, como si me conociera de algo. Pero eso no es lo más espeluznante que hay en él: cuando llega la noche y es la hora de dormir, ni él ni Mograine duermen. Cuando paramos para comer, no comen. Supongo que cuando estás muerto no necesitas comer ni dormir. En cambio, el otro tauren es amistoso y cortés, aunque a su manera: es un druida, un metamorfo de la escuela druídica de mis parientes lejanos de Kalimdor. No me ha dicho su nombre, y aunque sonríe a menudo, está más ocupado en salvar cervatillos infectados y en encontrar hierbas para aliñar la poca e infecta carne que consigo cazar, que en charlar conmigo. Teniendo en cuenta que el druida sólo come hierbas y que yo no cocino muy bien (y que los caballeros de la muerte no necesitan comer), me estoy alimentando muy mal y rezo a los poderes divinos  por llegar pronto a Entrañas y comer, al menos, algo caliente.

Aún no he aprendido nada de la Luz ni de los Poderes. Espero comenzar mi entrenamiento pronto, y sobre todo, espero encontrarme contigo cuanto antes.

- Ven, Elmeryn – dice Mograine.

- ¿Señor?

- Recoge tus cosas y ayuda a Ragingblade a recoger el campamento. Nos acercamos a Entrañas y antes de partir hacia Rasganorte quisiera entrevistarme con la Dama Sylvanas. La Reina Alma en Pena no gusta de los de tu raza, le trae malos recuerdos de su vida, así que no la mires a los ojos, no hables, y, sobre todo, intenta pasar desapercibida. ¿Entendido?

- Sí, señor.

Atravesamos los muros del antiguo Lordaeron, ahora derruidos tras la llegada de la Plaga al antiguo reino de los hombres. La capital de los nomuertos ahora está instalada bajo tierra, en las antiguas catacumbas de la ciudad, donde antaño descansaron los grandes reyes, bajo el trono de Terenas. Lo leí en los libros.

Tras las gigantescas moles que guardan la ciudad se muestra ante nosotros el barrio del comercio de la capital de los Renegados. Es un hormiguero de huesos que se mueven al son de las monedas de oro, un ir y venir de cucarachas, de mortacechadores y de murciélagos, y todo a la mortecina luz de las farolas que resplandecen, reflejándose en el verde añublo que forma canales. La ciudad nomuerta está tan rebosante de vida gracias al comercio que hasta los goblins han avistado negocio y han abierto una salón de belleza.

Tras el barullo se abren los anillos exteriores de la capital, y en un recodo de éstos, el Barrio Real. Tras un pasillo infinito, como guardando a un ser superior, casi divino, hay una fina figura sobre un pedestal.

- Saludos, mi Señora.

- Mograine – contesta una voz ronca, pero sin duda femenina -, creía que estabas en Rasganorte. ¿Qué nuevas me traes?

- Me encuentro en una misión diplomática. He recorrido todas las capitales de la Horda, y sólo quedaba por visitar Entrañas. Vengo a pedir apoyo en este último asalto a la Ciudadela de Corona de Hielo.

- ¿Diplomacia? ¿Desde cuándo usas la diplomacia? Seamos claros: tú y los tuyos, igual que yo, buscáis la venganza. Tenemos un objetivo común, Mograine, pero no dejaré que te lleves el mérito. Yo misma asaltaré el bastión de Arthas, le daré un final peor que la muerte y obtendré mi venganza. Ya he ordenado un transporte a Rasganorte, puedes ir conmigo si lo deseas. ¡Pero que me hables de diplomacia! Francamente, Mograine, desde que te aliaste con Vadín y sus fanáticos de la Luz sólo…

Y entonces la vista de Sylvanas se clava sobre mí.

- ¡Elmeryn! – me reprende Mograine, imagino que por mirar fijamente a la Dama Oscura.

- ¡Aparta! – ordena Sylvanas al caballero de la muerte – dame lo que tienes en la mano, niña.

Extiendo el brazo y muestro unas piedrecitas que encontré en las Tierras de la Peste.

- ¿De dónde has sacado esto?

- Ehm, mi Señora, yo, estaba… cazando y… me atacó. Un necrófago. Lo maté. Tenía… estas piedras. Las guardé, no sabía lo que eran.

Sylvanas inspecciona con atención las piedras, reconociendo la energía que fluye de ellas. Murmura un encantamiento y las piedras dejan de brillar.

- ¿Sabes que esto podría haberte matado?

Bajo la mirada, turbada por aquella aseveración.

- Tu paladina es valiente, Mograine, el necrófago podría haberla destrozado. Parece que Vadín aprende de vosotros y por fin convierte a sus muchachos en hombres de guerra en lugar de fanáticos desquiciados.

- No es alumna de Vadín, sino que está a mi cargo. Y sí, es valiente, pero no es eso lo que vine a discutir.

- Esas piedras… – murmura Sylvanas, ignorando a Mograine – tienen una magia muy potente, y me temo que sé de dónde las obtuvo la Plaga. Pero ahora no tengo tiempo de ir al lugar de donde provienen. Debemos ir a Rasganorte.

Una súbita energía se apodera de mí.

- Mi Señora, yo iré. Ocupaos de vuestros asuntos en Rasganorte, yo iré donde la Dama Oscura me ordene, por el parentesco que nos une.

- Podría hacer que te apresaran y te dieran de comer a los perros por mencionar a mi parentela – contesta Sylvanas con una voz que podría helar el aire – y sobre todo por hablar sin permiso. Pero si tan valiente eres, te daré tu oportunidad. Irás al Templo de Atal’Hakkar, en el Pantano de las Penas, a desvelar el secreto que se encuentra tras estas piedras.

- ¡No puedes! – dice Mograine – ¡Es sólo una niña! ¡La enviarás a su muerte! Y además, ¡esta niña está a mi cargo!

- Ya que es tan importante para ti, caballero de la muerte, la dejarás ir. Del éxito de su misión depende que mi ejército se presente en Corona de Hielo. Tómalo como una apuesta. Y otra condición pongo: no podrás ir con ella.

La espada, los ojos, el cabello, todo Mograine estalla en chispas heladas de la indignación.

- Está bien, Elmeryn. Partirás hacia el Templo de Atal’Hakkar, pero no irás sola. El druida te acompañará. Podéis tomar el zeppelin que hay a la salida de la ciudad. Y ahora, ¡marchaos! Más vale que desaparezcas de mi vista ahora, Elmeryn Caminante del Sol, antes de que invoque a una legión de necrófagos para castigarte por meterte en líos. Te esperaré en Rasganorte y, si sales con vida de tu aventura, serás una pupila digna de mí y no una joven elfa insolente.

Lloro. Lloro mucho, porque me siento muy triste por haberme metido en un lío y haber perdido al mejor maestro del mundo, y porque el añublo de la ciudad hace que me escuezan los ojos. El druida está callado y visiblemente a disgusto. Tomamos el zeppelín, en el que un alegre goblin intenta venderme artículos exóticos provenientes de lejanos continentes, pero yo no tengo ganas de comprar. Ahora no, quizá a la vuelta. Si vuelvo.

Llegamos a Grom’Gol, un asentamiento trol junto a la costa de Tuercespina. Me subo en mi caballo y salgo del poblado, corriendo como el viento. Y de pronto, me distraigo viendo un barco cercano y mi montura pisa algo. Una trampa en la arena, me siento como un pescado en una red. El druida corre hacia mí, pero mi captor es más rápido.

- Mira lo que tenemos aquí.

Un golpe, y oscuridad.