Archivos en la Categoría 'Ragingblade'

15
nov
09

redención: reencuentros

La lluvia caía pesadamente sobre las ascuas de los edificios calcinados como si intentara borrar todo rastro de aquel lugar para siempre. El anciano trol clavó su espada en el suelo y dejó caer el peso de su cuerpo sobre la inmensa figura que le acompañaba con un gruñido de dolor. Las gotas caían a lo largo de la vieja espada oxidada como un ejército cargando hacia la batalla.

- Viejo amigo, me temo que una vez más no hemos medido nuestras fuerzas… – comentó con esfuerzo el trol mientras caminaba apoyado en el musculoso brazo de su acompañante.

El tauren lo miró con expresión sombría.

- ¡No me mires así! ¡Aún podría luchar con diez enemigos más y… – la frase del trol quedó cortada por un repentino ataque de tos – …aún tengo cientos de enemigos que enviar al reino de Quetz’lun  y además no eres nadie para poder juzgarme… ¡yo al menos sigo vivo!

El rostro del trol resplandecía de orgullo mostrando una enorme sonrisa mellada que le llegaba de oreja a oreja.

- No por mucho tiempo si sigues cometiendo locuras – respondió el tauren con una voz tan profunda que parecía no tener fondo.

- ¡No era una locura! Sólo eran quince soldados contra el gran… el gran… – el trol permaneció pensativo unos segundos – ehm… ¿cómo me hacía llamar antes?

Una expresión de preocupación surcó el impasible rostro del caballero de la muerte ante la evidente decadencia de su viejo maestro.

- Da lo mismo, la aventura me ha llamado de nuevo y antes muerto que renunciar al oro, la fama y las hembras… oh, sí… de eso sí que me acuerdo. – dijo el trol guiñando el único ojo que aún parecía razonablemente sano – ¿Dónde podremos encontrar hembras que sepan aplaudir el verdadero valor de un héroe?

El trol se levantó con renovada energía y, tras arrancar la espada de su lecho de barro, ensilló su raptor. El caballero de la muerte ajustó sus hojas rúnicas gemelas a la silla de su destrero y partió tras la estela que dejaba el veloz raptor al ser espoleado de una forma que jamás había conocido antes.

El movimiento rítmico del galope ayudó al tauren a centrar sus pensamientos. Semanas antes le habían llegado noticias de que su viejo maestro se encontraba muy enfermo, que era víctima de la locura y que probablemente muriera muy pronto. El viaje al Valle de los Retos y la posterior visita a su maestro no fueron fáciles pero era lo menos que podía hacer por quien le había enseñado en que consistía realmente lanzarse a la batalla y disfrutar de la victoria. Pero, cuando llegó, el trol se había ido. Había desempaquetado su antigua armadura, afilado su espada, ensillado un joven raptor de guerra y partido hacia la aventura. Le llevó días dar con su pista. Hasta que esa misma mañana el humo proveniente de las llamas que consumían un poblado de salteadores de caminos le había llevado hasta él. Quizás alguna gente pueda pensar que la llegada del caballero de la muerte a la batalla pudo salvar la vida del viejo trol, pero estarían equivocados. Los cuerpos se encontraban repartidos por todo el campamento y las cabañas eran escombros para cuando el tauren llegó interrumpiendo el proceso de introducir enormes sacos de oro y joyas en las alforjas de un sobrecargado kodo. ‘ Llegas a tiempo, empieza dolerme la espalda… coge un par de sacos y ayúdame a cargar’ fueron las primeras palabras que oyó de su maestro desde que le dejara para ir a combatir la plaga en las Tierras de la Peste.

- ¡Esta taberna parece adecuada! – gritó desde lejos el trol sacando de su trance al tauren – Pasaremos aquí la noche, secaremos nuestras ropas y beberemos hasta caer muertos.

- No parece que vayan a ser muy hospitalarios… al menos no con nosotros – observó el caballero de la muerte motivado por la arquitectura principalmente humana del asentamiento.

- ¡El oro es el invitado más deseado… y de eso tenemos mucho! – replicó el viejo trol mientras agitaba una abultada bolsa tintineante y desmontaba del raptor.

La desgarbada figura del trol se recortó sobre la silueta de la puerta de la taberna y todas las conversaciones cesaron de inmediato cuando el tabernero, acompañado de un ogro de gran tamaño y aparente escasa inteligencia, se aproximaron a la misteriosa figura.

- ¡No queremoh ‘ente como tu poh aquí! – recitó el ogro al recibir un codazo en su prominente barriga de parte del tabernero que, aunque humano, había descubierto las ventajas de tener contratado un ser el doble de grande y el doble de estúpido que sus parroquianos habituales.

- Amable propietario, no debéis preocuparos de nada que no sea proporcionarnos bebida y techo. – dijo poniendo una enorme moneda de oro en la mano del sorprendido humano – Y, para vuestra tranquilidad, hemos dejado las armas en nuestras monturas así que no debéis temer nada de dos pacíficos aventureros.

Durante unos segundos la mente del tabernero luchó entre la avaricia y el odio hacia las razas de la horda y, finalmente, halló lo que sólo pudo considerar como un brillante termino medio y, tras valorar que con un ogro como matón no debía tener nada que temer, la compartió con el trol.

- Te serviré cerveza y te daré una silla pero… – señaló al caballero de la muerte que empezaba a agacharse para entrar – …por lo que a mí respecta eso no es más que ganado que habla,  su sitio es el establo.

El trol se irguió en toda su estatura y, sin media palabra, lanzó su puño contra el rostro cornudo del ogro que se vio lanzado varios metros hacia atrás arrastrando un par de mesas en su caída. El tabernero se giró e intentó correr hacia la seguridad de la cocina pero dos larguísimos brazos le abrazaron ferreamente y sitió la boca del trol contra su oreja.

- He sido amable, tabernero, – susurró a su oído -  incluso generoso, pero no puedo permitir una afrenta de ese calibre contra alguien que ha matado más plaga de la tú jamás podrías soñar ni en tus más horribles pesadillas.

El ruido de dos docenas de espadas al desenfundarse ocuparon el aire de la taberna.

- ¡Estúpido animal! – replicó el tabernero lleno de ira – Voy a ver como te sacan las tripas a ti y a tu vaca y clavan vuestras cabezas en una picaaaAARRRJ…

El tabernero vio interrumpida su frase al ser lanzado por los aires para aterrizar sobre unos barriles de cerveza enana.

- ¡No me gusta, no es un batalla justa! – gritó el trol negando con la cabeza – ¡Al menos deberíais ser el doble!

Los gritos pidiendo piedad, mezclados con otros tantos de dolor y batalla, se vieron amortiguados cuando el caballero de la muerte cerró la puerta de la taberna para dirigirse al establo. Miró una última vez la espada mellada que se encontraba amarrada a la silla de montar del raptor, le dio una suave palmada al exhausto kodo cargado de riquezas y montó en su destrero.

- Estará bien – se dijo en voz alta – sólo es un poco más viejo y más sabio… pero estará bien.

Y espoleó a su poderoso caballo hacia la oscuridad de la noche.




Twitter


Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.